martes, 28 de octubre de 2008

Débil es la carne (Deseos VI)

La primera vez sólo cruzamos nuestra mirada, por casualidad, diré que estuvimos durante dos segundos en el mismo espacio/tiempo pero fue suficiente para que mis ojos se quedaron prendados de los suyos. Cada día acudía al mismo sitio y a la misma hora para intentar volver a cruzar esos segundos con su presencia, tardé un par de semanas en conseguirlo, esta vez había alguien más, quizás su ¿novio, marido, amigo íntimo? Lo digo porque parecía tener mucha familiaridad, cercanía y yo desde la lejanía ardía por tener este tipo de contacto. Tampoco esta vez pude averiguar nada de como era. Decidí seguir sus pasos allí donde fuera, intentar encontrar aquel momento en el que pudiera volver a fijarse en mí porque estaba convencido de que la primera vez ya se había fijado.

Durante un par de horas sólo entró y salió de varias tiendas sin comprar apenas nada, la tarde pasaba y mi idea parecía haber fracasado hasta que en la última tienda decidí pasar a la acción, se me acababa la paciencia. Esperé mirando el aparador hasta que vi que se acercaba a la salida, me crucé en la puerta a la vez que salía, fue inevitable, tropezamos y, he de reconocer que exageré, me caí al suelo. Se deshizo de sus bolsas y se acercó para levantarme disculpándose por su torpeza, si supiera… le dije que la culpa había sido mía en realidad, me agarré a su brazo al levantarme y noté que temblaba… le invito a un café para que vea que estoy bien… no debería pero la verdad es que me ha quedado el cuerpo algo destemplado… así fue como conseguí ese primer café, como conseguí volver a cruzar mis ojos con los suyos y descubrir que además tenía unos labios preciosos, una sonrisa que me conquistó la primera vez que la utilizó, tenía el cuerpo esbelto, se notaba que hacia gimnasio, sus manos acariciaban la taza con mucha delicadeza y por un instante deseé que fuera mi cuerpo el que estuviera entre mis manos.

Esta idea lleva obsesionándome desde entonces, apenas puedo dormir porque cuando lo hago en mi mente sólo aparece su cuerpo, me lo imagino desnudo, entre mis brazos y regalándole mis besos y mis caricias mientras disfruta de ellos. La veo siendo yo el objeto de su deseo, pronunciando mi nombre cuando llegamos al momento del clímax, diciendo entre susurros lo mucho que me quiere, lo que me ama y lo que ha tardado en encontrar a alguien como yo… no lo soporto, despierto y no está, todo ha sido un sueño y yo quiero que sea real, tanto como el recuerdo que tengo de su tacto en mi piel. He seguido sus pasos muchas veces más aunque siempre en la distancia, sin descubrir mi presencia, cobarde, lo sé pero me bloqueaba, tanto que deje de hacerlo, seguirla, pero a los dos días la necesitaba tanto que tuve que volver a verla y entonces todo fue peor… la deseaba mucho más, con todas mis fuerzas y verla con cualquiera me destroza por dentro. He averiguado donde trabaja, me paso las horas allí delante, sentado esperando que salga con cualquier excusa, lo hace siempre acompañada, de gente diversa, no siempre con la misma pero a todos los trata con cercanía y a mi ni me ve. Las noches cada vez son peor, me masturbo repetidamente con su imagen en mi cabeza y la sensación de ser ella quien lo hace, pero el placer es cada vez más escaso, la necesito de verdad, la deseo… pero en carne y hueso, ya no me sirven las fantasías, debo hacer algo…

Ayer me disfracé de ladrón, como en las películas pasamontañas y una pistola de juguete, para pegar una paliza a uno de sus acompañantes, es ese que casi siempre va con ella cuando termina el trabajo, le coge la mano, le besa esos labios que son ¡¡míos!!, los he seguido, van muchas veces a casa de ella, a veces a casa de él, las menos, pasan la noche juntos y yo no puedo dejar de pensar en que debería ser yo quien estuviera entre esas paredes. Ayer salió solo, lo seguí camino del autobús y cuando pasó por un sitio oscuro le ataqué, no sabe que es por ella, se piensa que un ladrón le quitó todo lo que llevaba pero lo dejé bien magullado, le di con todas mis fuerzas, luego me masturbé pensando de nuevo en ella. Esta mañana casi la abordo para hablar con ella, estoy convencido que si le cuento lo que me ocurre seguro que me ayuda, pero una vez más me la han robado, delante de mis narices ha preferido la compañía de otro de sus “amigos” a la mía, la odiaría sino fuera porque la quiero mucho… si ella quisiera podríamos vivir juntos, ser tan felices… si ella quiere… y sino también podríamos serlo, más complicado pero seguro que termina por quererme…

Tengo un plan, primero contárselo y sino sale como los dos queremos, la llevaré bien lejos… pero juntos


Texto: Dsdmona

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3 comentarios:

Sandra dijo...

Hablando se entiende la gente :)
Saluditos

Lludria dijo...

¡Qué miedo! Oo Y es cierto, podríamos tener a alguien así, frustrado, a nuestro alrededor, sin enterarnos. Triste y... peligroso. ¡Pero qué perlitas nos estás regalando, Dsdmona!

Aires dijo...

Ese hombre va a acabar mal...creo que hay mucho oculto de eso. Besotes-